jueves, 17 de octubre de 2013

EDUCACION VIRTUAL

La clase virtual, acción que sostiene lo pedagógico 



El acto pedagógico es objeto de estudio de la didáctica, en tanto espacio donde se concretan las relaciones
sociales, individuales y colectivas, en contextos específicos dentro o fuera del aula. Estas relaciones sociales
propician el pensamiento crítico, deliberativo, creador e independiente, además de las relaciones dialógicas. La interactividad entre los actores implicados se materializa en un proceso de enseñanza y aprendizaje, pero esta relación no es directa, sino mediada.

La didáctica es la teoría o conjunto de teorías acerca de la enseñanza, por lo tanto es básico construirla con
referencia a los aconteceres y problemáticas que en ella surgen y suceden. La didáctica se ocupa específicamente del análisis multirreferencial de las situaciones de enseñanza concretas y de las formas de operar en ellas.

La clase escolar —y en este caso la virtual— es el escenario donde ocurren las prácticas pedagógicas, las cuales abarcan los procesos y relaciones que se producen en ella misma; es el lugar que sostiene lo pedagógico, donde se da una formación específica, se configuran actividades y surgen las relaciones con el saber. La clase toma el acto de enseñanza-aprendizaje como un proceso de producción de conocimiento, de circulación de saberes y prácticas, y en el que se viven relaciones sociales y se dinamizan los lenguajes.

La clase virtual puede definirse como un lugar de encuentro que evidencia problemáticas específicas, es por lo tanto objeto de estudio de la didáctica. En aquella, la enseñanza se transforma en acción, en praxis, pues el hecho de aprender se provoca y se genera. Es también el lugar, siempre compartido, donde los procesos se realizan en espacios y en tiempos sincrónicos o asincrónicos; en general, y lo más importante, en la clase virtual se cumple la función del saber, dado que se configura como campo de encuentro para la enseñanza, campo interactivo e investigativo.

La clase virtual, acción que sostiene lo pedagógico

El acto pedagógico es objeto de estudio de la didáctica, en tanto espacio donde se concretan las relaciones
sociales, individuales y colectivas, en contextos específicos dentro o fuera del aula. Estas relaciones sociales
propician el pensamiento crítico, deliberativo, creador e independiente, además de las relaciones dialógicas. La interactividad entre los actores implicados se materializa en un proceso de enseñanza y aprendizaje, pero esta relación no es directa, sino mediada.

La didáctica es la teoría o conjunto de teorías acerca de la enseñanza, por lo tanto es básico construirla con
referencia a los aconteceres y problemáticas que en ella surgen y suceden. La didáctica se ocupa específicamente
del análisis multirreferencial de las situaciones de enseñanza concretas y de las formas de operar en ellas.

La clase escolar —y en este caso la virtual— es el escenario donde ocurren las prácticas pedagógicas, las cuales abarcan los procesos y relaciones que se producen en ella misma; es el lugar que sostiene lo pedagógico, donde se da una formación específica, se configuran actividades y surgen las relaciones con el saber. La clase toma el acto de enseñanza-aprendizaje como un proceso de producción de conocimiento, de circulación de saberes y prácticas, y en el que se viven relaciones sociales y se dinamizan los lenguajes.

La clase virtual puede definirse como un lugar de encuentro que evidencia problemáticas específicas, es por lo tanto objeto de estudio de la didáctica. En aquella, la enseñanza se transforma en acción, en praxis, pues el hecho de aprender se provoca y se genera. Es también el lugar, siempre compartido, donde los procesos se realizan en espacios y en tiempos sincrónicos o asincrónicos; en general, y lo más importante, en la clase virtual se cumple la función del saber, dado que se configura como campo de encuentro para la enseñanza, campo interactivo e investigativo.

Campo interactivo


Aquí tienen sentido las relaciones en torno al saber. Es un espacio de comunicación empática que mediante la enseñanza guiada permite que el estudiante construya su aprendizaje y saber. Espacio intersubjetivo donde se plasman relaciones de poder y saber (entendiendo poder como la capacidad de tomar parte y asumir la
responsabilidad en el proceso de aprendizaje). Campo para el desarrollo de la crítica, la reflexión y la concreción de significados personales unidos a lo emocional y a lo afectivo. De ahí que en esa compleja interactividad —docente, estudiante, contenidos, medios y recursos— se marque la importancia del acompañamiento en la tutoría.

La clase virtual es un sistema dinámico donde se interroga e interpreta metódicamente un texto (impreso,
informático, etc.). O, como dice Gadamer (1973) en su propuesta sobre el diálogo hermenéutico, lugar donde el estudiante es un interlocutor que, por medio de la pregunta y la respuesta, ejerce una interacción dialéctica entre la explicación que ofrece el texto, desde el orden morfológico, el sentido y la significación del mismo; además de la verdadera asociación y aplicación de los enunciados con los contextos lingüísticos y extralingüísticos. En dicha clase el estudiante reconstruye y deconstruye a través de las mediatizaciones, lo cual no exige necesariamente productos acabados, sino la confrontación y discusión de procesos. Cabe aquí la pregunta sobre la concepción didáctica y epistemológica en el estudio virtual de cada disciplina, en el marco de los siguientes enunciados:

• Conocimiento integral e histórico de la ciencia, la disciplina y el arte que se enseña. Es decir, saberlos
fundamentar epistemológicamente.
• Relación interdisciplinaria
 Conocimiento de las implicaciones didácticas de la naturaleza epistemológica de cada disciplina. 
• Alcance de la autonomía e independencia conducentes a la formación para el autoaprendizaje y a la producción 
autónoma de conocimiento. 
• Posibilidad para el despliegue de todos los talentos, las capacidades y los dinamismos positivos más 
personales. 
La clase virtual, como espacio intersubjetivo, ambiente de identificaciones y de transferencias, demanda además: 
• Disponibilidad. 
• Reconocimiento de la persona como ser comunicado con otros. 
• Aceptación de que somos seres que podemos afectar y dejarnos afectar por el otro (nuestro estudiante). 
• Formación de grupos colaborativos de enseñanza y aprendizaje conectados por las nuevas tecnologías. 
• Capacidad para la construcción del otro y del colectivo como sujeto. 
• Unificación de un proyecto común de voluntades. 
• Capacidad para crear y fortalecer las interrelaciones